Hablar con los niños de la muerte y ayudarles a superar el duelo no suele ser fácil. Es muy importante la edad que tienen y su capacidad de comprensión. A partir de los 2-3 años de edad, cuando empiezan a discernir algunos conceptos, y a pesar de que les cuesta separar realidad y ficción, también comienzan a acumular una experiencia audiovisual que está repleta de ejemplos y experiencias vinculadas directa o indirectamente a la muerte.

El cine o algunos dibujos animados pueden servir para introducir el concepto de la muerte e iniciar una conversación con los niños, ayudándoles a entender mejor la situación, resolver algunas preguntas y superarlas de una forma positiva. Hay que tener en cuenta que no todas las películas —aún siendo para todos los públicos— son aptas para todas las edades y algunos niños no están preparados para algunas escenas.

Uno de los ejemplos más clásicos y comentados es la película de Bambi (1942). El cervatillo vive en primera persona la dramática muerte de su madre en una antológica escena que se ha quedado en la mente de muchos niños. Sin frivolidad y de un modo serio y natural se aborda el tema y cómo lo supera el protagonista.Bambi

De forma muy parecida, otra película más moderna también se ha convertido en un referente. El Rey León (1994) narra —emulando el mito de Hamlet— las aventuras de un pequeño león, heredero al trono, que se exilia al ser injustamente acusado de la muerte de su padre, que contempla en directo, y tras la que adquiere un sentimiento de culpabilidad. Precisamente este sentimiento es propio de algunos niños entre los 2 y los 6 años. Las escenas de esta película reflejan el dolor del cachorro por la pérdida pero también los pasos para encontrar la integridad después de la muerte de un amado. Incluso uno de los diálogos, antes de la muerte, entre padre e hijo, pasará a la historia por su belleza y rotundidad:

Simba: Papá, somos amigos ¿no?
Mufasa: Sí.
Simba: Y siempre estaremos juntos, ¿verdad?
Mufasa: Simba, te voy a contar algo que una vez me dijo mi padre: “Mira las estrellas, los grandes reyes del pasado nos observan desde esas estrellas”.
Simba: ¿De veras?
Mufasa: Si, y cuando te sientas solo, recuerda que esos reyes estarán ahí para guiarte. Y yo también.

En Buscando a Nemo (2003) la muerte aparece desde el primer momento. El protagonista es el único superviviente de un ataque de una barracuda, en el que muere su madre. Aunque la película se desenvuelve entre el humor y la aventura, la realidad es que el argumento subyacente nace de esta tragedia y gira por el miedo a la muerte, presente en toda la película, y a la pérdida —no solo fatal— de los seres queridos.

También en Tarzán (1999) es un tema fundamental. Los padres reales del protagonista mueren atacados por un leopardo al inicio de la película. Y del mismo modo, el padre adoptivo, el gorila Kerchack, fallece en uno de los momentos centrales de la trama, reconociéndole como hijo.
La muerte de los padres también aparece en muchas más películas aunque de forma muy sutil e indirecta. La más significativa quizá sea la clásica Cenicienta (1950), donde en la misma introducción se señala que ha perdido a su madre y poco después a su padre.

La muerte de la pareja o el amado también se trata en varias películas infantiles. Hércules (1997) llora con amargura cuando su enamorada Megara da su vida por él. Y en UP (2009) la naturalidad y la sensibilidad en la que se muestra la muerte de Ellie, la compañera de Carl Fredricksen, tras enfermar repentinamente, son las que dan origen a la aventura central.
Aunque no forman parte de la trama principal, ni siquiera secundaria a veces, hay películas en las que la muerte de algún personaje aparece causando diferentes emociones. Los villanos o malos —Gastón en La Bella y la Bestia (1991), Frodo en El Jorobado de NotreDame (1996), la madrastra en Blancanieves (1937), Skar en El Rey León…— suelen ser los más frecuentes, pero en estos casos nunca suele ser pedagógico sino que la venganza o el ajuste de cuentas envuelven estos fallecimientos, que siempre parecen fortuitos, nunca provocados.

Tampoco suelen ser muy didácticos los falsos fallecimientos, que pueden confundir al niño espectador: Blancanieves muere pero resucita con el beso del príncipe, Baloo vuelve a la vida con naturalidad, tras el ataque mortal del tigre en Mowgli, El libro de la Selva (1967), o incluso La Bella Durmiente (1959) duerme misteriosamente durante años en una “muerte” misteriosa que puede desconcertar.

En otras casos, sí que ayudan a responder algunas preguntas que pueden hacerse los niños. Por ejemplo, Tiana y el Sapo (2009) ayudaría a responder las preguntas sobre qué pasa tras de la muerte o dónde van los seres queridos. En esta película, Ray la simpática luciérnaga que acompaña a Tiana en sus desventuras, muere aplastada por el malvado villano. La trama señala emotivamente que tras la muerte se reúne para siempre con su amada —Evangeline, la estrella polar— iluminándose una nueva estrella brillante en el cielo nocturno junto a ella, algo muy similar a lo comentado por Mufasa a Simba en el Rey León.TianaSapo

En resumen, las películas para niños pueden ser muy provechosas para enseñar sobre la pérdida, la muerte y el duelo, para enfrentarse a sus sentimientos, conversando sobre las experiencias visualizadas, que pueden servir de identificación o de ejemplo entendiendo qué está pasando.

Para más información recomiendo la parte dedicada los niños de la guía Apoyo al Duelo y ellibro de Concepción Poch y Olga Herrero, titulado ‘La muerte y el duelo en el contexto educativo: Reflexiones, testimonios y actividades’, editada por Paidós.

José Vte. Castaño.
Dr. en Ciencias de la Información
Profesor de la UMH

Fuente: Apoyo al duelo

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