El estrés en cierto modo no es un mal moderno. El estrés es algo inherente al ser humano, es una pulsión natural e instintiva que nos pone en alerta. Nos avisa de un peligro y provoca unos cambios hormonales y fisiológicos muy determinados en nuestro cuerpo para que podamos reaccionar. Ya sabes de qué se trata: eleva la tensión cardíaca, aumento del cortisol en sangre, tensión muscular y esquelética, estado de alerta… todo ello configura una activación muy intensa a nivel físico y mental, aceptable para un instante determinado: un par de horas, un día… el tiempo suficiente para que por ejemplo, nuestro antepasado cavernario escapara de ese oso que lo acechaba.

Pero el hombre y la mujer del siglo XXI ya no tiene que escapar de osos o mamuts. Y su estado de alerta no dura un par de horas. Puede durar un año entero. Y su enemigo, por extraño que parezca, es en ocasiones él mismo. Es extraño y difícil de entender.

Pero en la actualidad estamos rodeados de pequeñas amenazas que configuran en esencia, una gran amenaza. Situaciones agobiantes que originan trastornos psicológicos y reacciones psicosomáticas. Sufrimos cefaleas, mareos, pérdidas de cabello e incluso infartos. ¿Vale la pena? Desde luego que no. Nuestra salud y nuestro bienestar es lo primero, de ahí que valga la pena poner en práctica los siguientes consejos.

1. ORGANIZA TU TIEMPO ¿Llevas una agenda? ¿Apuntas en ella tus citas, tus reuniones, tus plazos de entrega, las citas con el médico y los cumpleaños de tus amigos y familiares? Excelente, está muy bien. Pero ¿Apuntas en ella ese tiempo dedicado a ti mismo/a? Tan importante es ir a trabajar, o atender a los tuyos, como atenderte a ti. Necesitas al menos un par de horas al día para respirar, para ser tú mismo, para pensar, relajarte, estar solo/a…. para escuchar tus pensamientos,

2. APRENDE A DECIR NO Lo sabemos, a veces cuesta. Pero decir no, no significa ser egoísta. Es delimitar espacios de protección, es evitar que nos manipulen, que exijan de nosotros más de lo que podamos aportar. Decir no desde un principio y saber delimitar espacios y responsabilidades, es dar información clara a los otros de hasta dónde podemos llegar. Es dar a entender lo que aceptamos y que no. Es hablar de valores. Es respetarse.

3. SÉ OPTIMISTA Mirar al mundo con ilusión, optimismo y esperanza, es ilusionarse por la vida. Es esperar cosas buenas y relativizar problemas y preocupaciones. Nada es más importante que tu propia felicidad, que tú mismo y los tuyos. Relativiza las cosas y ten en cuenta lo que en verdad vale la pena. Mira la vida con una sonrisa y no con un gesto de amargura.

4. GESTIONA TUS EMOCIONES No dejes que la rabia te desborde. No permitas que la tristeza te cubra con su abrigo cada día hasta quitarte el aire. Canaliza las emociones negativas adecuadamente y déjalas ir, manéjalas y dales una forma más pequeña y manejable. Relativiza preocupaciones y céntrate en lo que en verdad es importante. Tu salud, tu bienestar.

5. SÉ REALISTA Intenta no marcarte unos objetivos poco claros o demasiado complicados. Hay gente que aspira a alcanzar grandes sueños y se desmorona si día a día, si comprende que dicho objetivo es casi inalcanzable. Lo ideal es proponernos cosas realistas y asequibles. Un trabajo que me permita vivir con dignidad y disfrutar de los míos. Un viaje a esa ciudad europea y no la vuelta al mundo. Una casa cómoda, sin excesivos lujos pero suficiente. La felicidad reside a veces en cosas sencillas. Vale la pena ser realista, prudente.

6. APRENDE A EXPRESAR TUS EMOCIONES No te guardes palabras, no escondas verdades. No disimules tu rabia o tu indignación. Déjalas ir y con ello, aliviarás tensiones. Y no solo eso, pondrás límites y darás a entender lo que quieres, lo que necesitas y hasta dónde eres capaz de llegar. Si cedes en silencio, si bajas la cabeza y callas, la ansiedad y el estrés te devorarán aún más por dentro. No vale la pena.

7. APRENDE A RELAJARTE Puede que ya casi ni recuerdes lo que significa relajarse. Respirar con tranquilidad, dejar que el sol tibio acaricie tu piel. Vaciar tu mente, andar sin pesos a la espalda ni cargas en tu mente… ¿Qué tal si lo intentas hoy?

8. VALORAR LAS COSAS SENCILLAS Te lo repetimos una vez más. La felicidad se esconde en las cosas más sencillas y básicas de la vida. El sonido de la risa de tus hijos, esa caricia de tu pareja, ese paseo a ninguna parte con tus amigos, la mirada impaciente de tu perro cuando te pide que lo lleves al parque… ¿Te habías dado cuenta?

9. UN PEQUEÑO CAMBIO Hay quien teme a los cambios. Pero en ocasiones, son la solución a nuestros problemas. A nuestro estrés. Debes ser valiente, y si lo deseas, hoy mismo puedes empezar con un pequeño cambio. Un nuevo corte de pelo, una prenda de vestir atrevida, una cena fuera de casa, tomarte la tarde libre, un viaje de fin de semana, esa llamada que nunca te atreves a hacer…

10. MERECES SER FELIZ Algo tan básico como esto. Mereces ser feliz. Si ahora mismo notas que no lo eres, que apenas tienes tiempo para ser tú misma/o y que estás perdiendo parte de tu vida… ¿a qué esperas para recordarte que mereces ser feliz y que no lo estás haciendo bien? Atrévete a serlo, haz un pequeño cambio. Establece tiempo, prioridades… y consíguelo.

Fuente: La Mente es Maravillosa

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