“Me despidieron en cuanto mi jefe supo que tomaba medicación”. Así resumía un miembro del Comité de Personas con Enfermedad Mental de la Confederación Española de Agrupaciones de Familiares y Personas con Enfermedad Mental (Feafes) el final de su anterior experiencia laboral. Situaciones como esta ocurren en España en pleno siglo XXI, con mayor frecuencia de lo que muchos imaginan, y dejando varios artículos de nuestra Constitución en poco más que papel mojado.

El 75% de las personas con trastorno mental en España asegura haberse sentido discriminada en alguna faceta de su vida. El laboral es el ámbito donde esta estigmatización es más frecuente, pero también se da en las relaciones personales, con el vecindario, e incluso por parte de familiares y profesionales sanitarios. Por este motivo, hemos elegido el lema “Abriendo mentes. Cerrando estigmas” para celebrar este Día Mundial de la Salud Mental.

Desde Feafes pensamos que la base de la discriminación a nuestro colectivo radica en un profundo desconocimiento general sobre los trastornos mentales, lo cual provoca que campen a sus anchas todo tipo de prejuicios e ideas erróneas sobre los mismos. Impredecibles, anti-sociales, vagos, o incluso agresivos, son algunos de los tópicos que suelen aparecer en cuanto se habla de enfermedad mental. Cuando la realidad es que un trastorno mental es una circunstancia más de la persona, pero en ningún caso determina su personalidad ni tiene por qué condicionar todas las facetas de la vida.

De este modo, en el ámbito de la salud mental nos encontramos en un momento comparable a cuando se pensaba que el sida se podía contagiar con un abrazo, las infecciones se curaban con sangrías, o la epilepsia era señal de una posesión demoniaca. Así, todavía hoy muchos piensan que la esquizofrenia es similar a una doble personalidad (entre otras muchas cosas, la mayoría negativas), que una persona con trastorno bipolar cambia de humor varias veces al día, o que una depresión aparece por una debilidad de carácter y depende exclusivamente de la falta de voluntad de la persona por superarla.

Es difícil encontrar una realidad tan incomprendida, y que al mismo tiempo afecte a una parte tan importante de la población. En España, según datos oficiales, más de un millón de personas presentan un trastorno mental grave y el 15% de nosotros tendrá algún problema de salud mental a lo largo de su vida. Sin embargo, la mayoría de la sociedad desconoce los aspectos básicos de los problemas de salud mental más frecuentes.

Pero en algo estamos mejorando: cada vez más personas con trastorno mental se atreven a hablar abiertamente de su diagnóstico, de su convivencia con la enfermedad. No solo en su entorno cercano sino también en los medios de comunicación. Esto a pesar de las previsibles consecuencias negativas que puede conllevar esta decisión en forma de discriminación y rechazo. Para ellos, es más fuerte la voluntad de visibilizar este tipo de enfermedades, tantas veces ocultadas, y la conciencia de que nadie debería avergonzarse por tener un trastorno que nadie ha elegido.

Desde luego, su ejemplo evidencia que un trastorno mental no impide llevar una vida plena, rompe los moldes de los prejuicios y está empezando a agrietar el estigma como un barco que navega entre placas de hielo. Ellos encuentran muchas resistencias a su paso, pero está claro que los que vengan detrás no encontrarán tantas dificultades.

Desde Feafes trabajamos día a día para informar a la población sobre la realidad de los trastornos mentales. Pero sabemos que no es suficiente. Hace falta un esfuerzo extra de administraciones públicas, entidades y de la sociedad en su conjunto para ver los problemas de salud mental como cualquier otro aspecto de la salud. Sólo así llegará el día en que los trastornos mentales dejen de estar cubiertos por ese manto de desconocimiento y prejuicios, que conduce inevitablemente a la discriminación.

Fuente: El Mundo

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