Algunos niños padecen un pánico irracional a abandonar el hogar, y asistir a la escuela les produce estrés y ansiedad. Se trata de una conducta bien estudiada, que puede superarse con unas sencillas pautas o con ayuda de un profesional.

Para la mayoría de niños ir al colegio es una experiencia agradable e incluso emocionante. No obstante, el miedo a asistir a clase puede producirse en cualquier momento de la vida escolar. Se ha observado que es más común entre los 5 y los 11 años, aunque sucede con menor frecuencia entre los 7 y los 11 años. Coincide con el momento en el cual los niños cambian de ciclo y se enfrentan a nuevos retos, razón por la cual puede aparecer este problema.

Es típico que el miedo a volver a la escuela aparezca tras un tiempo prolongado en el cual el niño ha permanecido mucho tiempo en casa, o muy apegado a un familiar (vacaciones de verano, fiestas de Navidad o periodos similares). Además, se sabe que este problema es más típico en alumnos que están afrontando algún cambio importante en la vida: nueva casa, nuevo colegio o incluso el fallecimiento de un ser querido.

Signos de alerta

Tu hijo puede encontrarse en esta situación si observas algunos de estos comportamientos:

  • Demuestra un apego excesivo hacia uno de los padres (o a ambos).
  • Siente temor al quedarse solo en una habitación o tiene pánico a la oscuridad.
  • Teme de un modo irracional que a sus padres pueda pasarles algo.
  • Tiene dificultad para conciliar el sueño, o presenta pesadillas y terrores nocturnos.
  • Muestra un miedo exagerado a los animales.
  • Tiene excesivo miedo a que entren ladrones en casa.
  • Tiene rabietas severas cuando se le obliga a ir a la escuela.
  • Se queja de dolores de cabeza, de garganta o de estómago justo antes de ir a la escuela. La enfermedad mejora cuando se le permite quedarse en la casa, pero reaparece a la mañana siguiente, de nuevo, cuando debe ir al colegio.
  • Se niega por completo a salir de casa . Si el pánico surge al dejar el hogar, y no al salir de clase, el niño recuperará la tranquilidad una vez que está en clase.

Los temores expuestos son muy comunes entre los niños que padecen ansiedad a estar separados de sus padres.

Ten presente que la resistencia de tu hijo a que te vayas es un signo bueno que indica que se ha producido un apego saludable entre tú y él. Al final, tu hijo logrará recordar que cuando te vas siempre vuelves, y eso será suficiente para que se quede tranquilo mientras estás fuera. Esto también permite que los niños desarrollen habilidades de afrontamiento y una cierta independencia.

Estrategias para facilitar las despedidas

A continuación se definen una serie de estrategias para ayudar a los niños y a los padres a atravesar el díficil momento de separarse:

  • Elegir el momento adecuado. Si es posible, intenta que tu hijo no empiece la guardería entre los 8 meses y el primer año de edad,  que es cuando es más probable que aparezca la ansiedad de separación por primera vez. Además intenta no separarte de tu hijo cuando éste pueda estar cansado, con hambre o nervioso. Si es posible, programa el momento de tu partida después de las siestas y las comidas.
  • Practicar. Haz prácticas con tu hijo para separarte de él y para que vaya conociendo poco a poco a las personas y los lugares nuevos. Si piensas dejarlo al cuidado de un familiar u otra persona, invitala antes para que paséis un tiempo juntos mientras estés presente. Si tu hijo va a empezar a ir a una nueva guardería o colegio, visitad el lugar juntos unas cuantas veces antes de dejarlo durante todo el horario completo. Practica dejándolo con un cuidador durante cortos períodos de tiempo, para que pueda acostumbrarse a estar separado de ti.
  • Transmite tranquilidad y sé coherente. Crea un ritual para irte, de modo que puedas despedirte de un modo agradable, amoroso y sin vacilaciones. Transmite tu hijo serenidad y confianza. Tranquilízalo comunicándole que vas a volver y explícale cuánto tardarás en regresar con conceptos que tu hijo pueda entender (por ejemplo, después de comer), porque todavía no puede comprender la noción del tiempo. Concédele toda tu atención al despedirte, y cuando digas que te vas, hazlo; si vuelves, sólo empeorarás las cosas.
  • Cumple tus promesas. Es importante que regreses en el momento en que le has prometido hacerlo. Esto es esencial; de esta manera, tu hijo desarrollará la confianza de que puede afrontar ese tiempo de separación.

Por muy difícil que te resulte separarte de tu hijo cuando éste llora y grita llamándote, es importante que confíe en que la persona que lo cuida podrá hacerse cargo de la situación. Puede ser de ayuda para ti y el niño que establezcas una hora a la que llamará para comprobar que todo va bien, quizá entre unos 15 y 20 minutos después de haberte ido. En ese tiempo, la mayoría de los niños ya se habrán calmado y estarán jugando con otras cosas. ¡No te permitas ceder enseguida ni llamar antes de lo programado!

Si aún con estas estrategias, el miedo persiste, es el momento de acudir a un profesional de la salud mental. Los efectos potenciales a largo plazo pueden ser muy serios para un niño si no recibe ayuda profesional. Por ejemplo, puede tener problemas escolares y sociales, y una vez en la edad adulta podría sufrir ansiedad y desorden de pánico.

En la consulta, normalmente el profesional desarrollará un plan personalizado para hacer regresar de inmediato al niño a la escuela y a otras actividades cotidianas. Los casos de niños mayores o de adolescentes que se niegan a ir a la escuela pueden ser más graves , y es probable que requieran un tratamiento intensivo. Lo más importante es tener presente que el miedo irracional y el pánico de dejar la casa o los padres pueden tratarse con éxito .

Referencia bibliográfica:

Los niños que se niegan a ir a la escuela. American Academy of Child and Adolescent Psychiatry. [acceso el 29 de agosto 2013]

Fuente:  American Academy of Child and Adolescent Psychiatry

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