Son muchas las ocasiones en las que los niños y niñas, como parte natural de su desarrollo, se niegan a obedecer las normas y desafían a los adultos. Esta situación provoca malestar en las familias y puede convertirse en un problema difícil de manejar.

Cuando los niños y niñas no obedecen, retan las normas y entran en desafíos, los adultos se desesperan y tienen serias dificultades para manejar la situación.

Es importante saber ejercer la autoridad y hacer que los niños y niñas comprendan, acepten y cumplan las normas. Pueden cuestionarlas y darnos su opinión, esto es beneficioso para ellos, pero debemos enseñarles a hacerlo con educación y respeto, y desde un consenso, evitando los retos constantes.

¿Por qué  se niegan a obedecer y retan las normas?

En muchas ocasiones los pequeños muestran actitudes de desafío, que van más allá de la propia norma. En estos casos comprobaremos que da igual la norma (no se trata de si están a favor o en contra), lo significativo es su actitud de desafío y su insistencia en desobedecernos.

Ante cualquier norma, nos responden con un “no”, un “no quiero”, nos cuestionan “¿por qué tengo que…..?” Si les reñimos o intentamos hacerles razonar nos responden con un “me da igual” o “no me importa” y cuanto mayor sea nuestro enfado, más desafiantes se mostrarán los pequeños.

Debemos saber y entender que es parte normal del desarrollo que los niños y las niñas tiendan a desafiarnos. Es algo natural,  ya que están formando su personalidad y necesitan ser conscientes de su propia identidad. Pero cuando esta actitud es muy severa y exagerada estamos ante una conducta, que aunque habitual, no es ni natural ni sana para su desarrollo.

En determinados momentos van a buscar los límites, están comprobando hasta dónde pueden llegar, en esos casos es importante manejar bien la situación y saber ponerles límites claros.

10 Consejos para manejar los desafíos y la negativa a obedecer las normas

  1. No confundas poner límites con ser muy duro o agresivo con el pequeño. Los niños y niñas necesitan límites que guíen su conducta y les den seguridad.
  2. Establece normas familiares claras, concisas y constantes. Para establecer las normas, éstas tienen que ser fáciles de entender por el pequeño. Las normas tienen que ser constantes en todo momento, (si un día dejas pasar una conducta, pensarán que pueden hacerlo más veces) y por todos los miembros de la familia (de esta forma entienden la importancia de la misma).
  3. Conserva siempre la calma y no te enojes. El pequeño busca que nos enojemos. Entramos en un círculo en el que ellos nos desafían varias veces, nosotros nos enojamos demasiado y le reñimos con dureza. Después de esto nos sentimos culpables por haber sido duros y levantamos el castigo o dejamos que el niño/a haga lo que estaba haciendo. Con esto el pequeño se lleva el mensaje de que ha conseguido lo que quería. Es mejor que mantengamos la calma e impongamos la autoridad de forma menos severa y más positiva.
  4. Critica la acción y no al pequeño.
  5. Cuando comience con el reto, no le hagas caso. Si le atiendes, aunque sea enfadado/a, estas reforzando su conducta de desafío. Corta la comunicación con él y ni le mires. Al cabo del rato vuelves a indicarle lo que estabas indicándole.
  6. Sirve de ejemplo, no te muestres desafiante.
  7. Habla con ellos, explícales el porqué de las normas y escucha su opinión.
  8. Refuérzale cuando cese su desafío, le atenderás y le escucharás.
  9. No entres en una lucha innecesaria, mantente al margen de sus negativas y desafíos. Si quieres que respondan de otro modo, tendrás que responder tú de otro modo.
  10. Emplea la ausencia de refuerzo positivo ante la desobediencia. En ocasiones el castigo les sirve para llamar la atención y reafirmarse en su conducta. Resulta más productivo eliminar el refuerzo positivo que aplicar un castigo.

Celia Rodríguez Ruiz, psicóloga y pedagoga.

Fuente: Educapeques

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