De la misma manera que los adultos, los niños también experimentan situaciones de enojo con sus compañeros y, desgraciadamente, muy a menudo las vías de resolución de sus conflictos resultan ser los insultos o las peleas.

Es por eso que debemos ofrecerles herramientas que les hagan capaces de afrontar los conflictos de la mejor manera.

Ayúdales a permanecer en calma:

  • Hazle saber que se necesita más valor y más coraje para alejarse de una pelea que para enfrentarse a ella y llegar a las manos.
  • Enséñale que las peleas no resuelven los problemas, sino que al contrario: una pelea acarrea nuevos problemas.
  • Recuérdale que evitar una pelea cuando se está enfadado es realmente ganar la batalla.

Que algunos niños se lleven bien entre ellos suele ser complicado. En bastantes ocasiones, se acaban peleando o bien alentando a otros para que riñan entre ellos. Otros molestan o chinchan a su semejante o bien se mofan de él o ella.

Todas estas situaciones de burla e incomodidad provocan que los niños se sientan mal o se metan en problemas. En este sentido, se recomienda a los padres que enseñen a sus hijos a gestionar su ira y a evitar los problemas conflictivos. Si aumentamos su capacidad de resiliencia también les estaremos dando las claves para afrontar las adversidades de la vida, entre ellas, las diferencias y conflictos que puedan tener lugar entre los compañeros de clase, del vecindario, etc.

Todo el mundo se enfada:

La ira o el enojo no suele durar mucho tiempo, pero es un sentimiento muy fuerte que, además, genera mucha energía que de alguna manera hay que liberar.

Los niños se enfadan cuando:

  • Sienten que alguien ha herido sus sentimientos o no pueden llevar a cabo lo que realmente quieren hacer.
  • Los demás no les entienden o sienten que les han mentido o traicionado.
  • Se sienten solos o los demás no actúan de la manera que ellos quisieran.

Cuando los niños se enfadan, sus cuerpos reaccionan de la siguiente manera:

  • Sus corazones comienzan a latir rápidamente.
  • Es posible que les cueste respirar.
  • No piensan con claridad.
  • Tienen mucha energía acumulada y necesitan liberarla.

Cuando los niños se enfadan:

  • Es bueno hacerles entender que deben expresar sus sentimientos con palabras.
  • Hay que explicarles que no se debe pegar a nadie ni romper objetos o decir cosas que pueden ofender a terceras personas.

Ayúdales a mantener la calma y a estar relajados:

En el momento en el que el niño se sienta enfadado, debes recordarle esta serie de consejos para que pueda alcanzar por si mismo un estado de relajación y evitar responder con actos fruto de la impulsividad del momento.

  1. Indícale cómo debe reconocer que está enojado y que se dé cuenta a través de las señales que le envía su cuerpo.
  2. Enséñale a que se calme respirando profundamente contando hasta 10 o dando un paseo. También le puede servir correr o escuchar música.
  3. Ayúdale a meditar sobre la causa del problema y a pensar soluciones a ello. Si tu hijo necesita ayuda para expresar su enojo es bueno que tenga a alguien cerca que le pueda echar una mano.
  4. Recuérdale que si se encuentra en una situación en la que otro niño intenta empezar una pelea lo que debe hacer es:
    • Calmarse, mantener una distancia segura respecto a la otra persona, respirar de manera lenta y profunda y mantenerse alerta. Es mejor que evite devolver los insultos o las palabras groseras al provocador ya que esto sólo empeoraría la situación.
    • Escuchar atentamente lo que otros niños puedan decir y preguntarse qué quiere ese niño realmente.
    • Evitar a los otros niños siempre listos para entrar en la pelea o, cuando sea necesario, que hable con ellos para disuadirlos.
    • Seguir adelante, tratar de encontrar vías para solucionar el problema sin llegar a las manos. Algunas opciones son:
      1. Dándole al otro una razón: “nos expulsarán del partido si nos peleamos”.
      2. Utilizando, si cabe, el sentido del humor: “no me gustaría pegarte mi resfriado”.
      3. Si nada de lo anterior funciona, la mejor opción es abandonar e irse.

Los niños imitan la actitud de sus iguales. Por eso es importante que los padres, desde edades tempranas, influyan en sus hijos para que sean modelos a seguir para los demás niños.

Fuente: Healthy Children

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