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¿Cómo pudo él —que todo lo había perdido, que había visto destruir todo lo que valía la pena, que padeció hambre, frío, brutalidades sin fin, que tantas veces estuvo a punto del exterminio—, cómo pudo aceptar que la vida fuera digna de ser vivida?

Es una de las reflexiones que hace Allport en el prólogo de la obra de Víctor Frank, “El hombre en busca de su sentido”. En ella, se recoge el relato de su vida en varios campos de concentración durante la segunda guerra mundial a través de las lentes de un psicólogo. Con un relato cercano y sincero, nos desgrana poco a poco algunos de los fenómenos que posteriormente la psicología social ha estudiado desde el paradigma experimental. Así, el autor nos muestra como la realidad impía ya había puesto en manos del hombre moderno ejemplos de cómo el entorno puede manipular el calidoscopio de la personalidad humana, antes de que Zimbardo diseñara su cárcel en Stamford o Milgram en Yale nos enseñara hasta qué punto una autoridad en la que confiamos puede anestesiar nuestra ética.

Son muchos los ejemplos que podríamos recortar del relato de Víctor Frank para detallar fenómenos que han apoyado la corriente situacionista dentro de la psicología y han abierto varios interrogantes en la concepción de la personalidad como carácter. En este sentido, este magnífico libro es un gran compañero para una tarde de reflexión delante de una ventana goteada por la lluvia y una invitación abierta, sincera y realista para temblar, quizás, y luego aplicar la justa medida (que siempre concede un poco de relativismo) a cómo somos de libres y por extensión, de responsables.

Por otro lado, para el lector que venga de vuelta de la psicología de los libros con polvo encontrará un buen relato literario y más ejemplos de fenómenos que ya ha estudiado. Tendrá la oportunidad de ver cómo se suceden hechos que de alguna forma es capaz de predecir porque conoce la teoría del duelo o lo tiranos y crueles que pueden llegar a ser los más débiles entre los que ostentan el poder para alejarse de estos.

Quien crea en el ser humano los seguirá haciendo porque también verá como, recursos tan válidos como el arte, el sentido del humor o las creencias religiosas, son capaces de encontrar su resquicio para respirar y permitir respirar hasta en las condiciones más duras.

Finalmente, quién quiera hacer un viaje también lo hará, porque Víctor Frank ni esconde que nuestra vida está continuamente en manos de la diosa fortuna ni deja de mostrar que a fuerza de convivir con ella podemos aprender a buscarla.

Fuente: La Mente es Maravillosa

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