El niño dice “¡no!” a todo, grita, patalea y llora. Una situación embarazosa que a menudo los padres no saben cómo manejar. Incluso se plantean si al niño puede pasarle algo grave o si han hecho algo mal como padres. Sin embargo, esta es una conducta normal en los niños, y sólo es necesario saber cómo reaccionar.

Muchos padres se sienten abochornados o impotentes ante las repetidas rabietas de su hijo en público, y tienen muchas dudas sobre cuál es la actitud a tomar. Ante todo, lo más importante es conservar la calma. Los gritos de un niño son estridentes y desagradables, pero los padres deben pensar que se trata de una actitud relativamente natural.

Las rabietas son el resultado de la incapacidad de contener los impulsos ante una situación de frustración. Suelen aparecer en los niños que tienen entre 12 y 18 meses de edad, y empeoran entre los dos y los tres años, un período en el cual asumen que son seres independientes de los padres y quieren controlar esa independencia. Si están cansados, hambrientos o enfermos, las rabietas suelen ser más frecuentes o intensas.

En cualquier caso, no es aconsejable que los padres griten o golpeen al niño, ya que en la mayoría de casos esto empeora la situación. Tampoco deben ceder ante las peticiones del niño. En vez de eso, lo mejor es llevarlo a un lugar apartado, como el lavabo o el coche, y allí reducir el estrés del niño hasta que la rabieta cese. Es importante hacerlo sin romper las normas que los padres han establecido.

Mientras no tenga una conducta destructiva, ignorar al niño también puede ser una solución, ya que el berrinche es una conducta para llamar la atención. Los padres no deben hablar ni reaccionar hasta que el comportamiento cese. Una vez que se haya calmado, los padres pueden hablar serenamente del asunto con el niño. Otra táctica que puede funcionar bien es la distracción suave hacia otro foco de atención del niño.

¿Pueden prevenirse los berrinches?

Aunque en determinadas ocasiones las rabietas son inevitables, hay algunos factores que pueden ayudar al niño a estar menos irritable. Por ejemplo, que duerma y coma a las horas correctas, e incluso que duerma la siesta para que se sienta menos cansado. Los especialistas aconsejan emplear un tono alegre al dar instrucciones a los niños, para que suene más como una invitación que como una orden. De este modo, reducen las protestas. Otro factor importante es evitar las riñas y las disputas por hechos irrelevantes, como el color de la ropa o qué zapatos ponerse. Expertos de la Academia Americana de Pediatría, por ejemplo, aconsejan a los padres decir “no” sólo cuando es imprescindible, por ejemplo, en cuestiones de seguridad.

¿Cuándo son anormales las rabietas?

Podemos considerar que las rabietas son anormales y precisan de ayuda de un especialista:

  • Si no menguan una vez superados los 4 años.
  • Si el niño causa lesiones o se autolesiona durante un berrinche.
  • Si se aguanta la respiración o se produce un desmayo.
  • Si el niño se niega a comer o a dormir de forma reiterada.
  • Si estas van acompañadas de otros síntomas como pesadillas, terrores nocturnos, involución en el control de los esfínteres, dolor de estómago, ansiedad, o incluso aferrarse a los padres.

Fuente: MedlinePlus

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