Los trastornos de ansiedad y depresión afectan cada vez a más niños y adolescentes, pero pocos están diagnosticados ya que es más difícil de detectarlos que en los adultos. Los síntomas varían mucho en función de la edad, pero ante la mínima sospecha y su prolongación en el tiempo, se debe consultar con el pediatra.

La actual crisis económica está haciendo estragos en muchas familias, cuyos progenitores han perdido su empleo. En este ambiente de preocupación y ansiedad, los niños son quienes peor lo pasan. La depresión es un trastorno psiquiátrico que sufren los pequeños desde edades tempranas. El diagnóstico requiere pensar en el trastorno, conocer sus características clínicas y disponer, en la medida de lo posible, de varias fuentes de información. “Los niños son una fuente de información altamente fiable y conocer lo que les sucede solo requiere a veces tiempo y dedicación”, comenta el Dr. Jesús García Pérez, pediatra en el Hospital Niño Jesús de Madrid y miembro de la Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria y Atención Primaria (SEPEAP). “Además, -añade el experto- la depresión es una enfermedad que tiende a evolucionar de forma crónica y que condiciona toda la vida del niño. Por ello, reconocerla y diagnosticarla es uno de los mayores servicios que los pediatras pueden prestar a sus pacientes”.

 

SÍNTOMAS DE ANSIEDAD 
Las manifestaciones de la ansiedad en el niño pueden variar y estar influenciadas por sus vivencias, educación, el medio en el que vive, por su temperamento y genética. La sintomatología se puede manifestar con varios síntomas:
– Físicos: cefaleas, dolores abdominales y torácicos, náuseas, vómitos, dolores inespecíficos, palpitaciones, sudoración, falta de aire, sensación de frío o calor y temblor, entre otros muchos.
– Alteraciones cognitivas: como intranquilidad, miedo, angustia, desasosiego, preocupación inespecífica, dificultades de atención y de concentración, de memoria y la lentitud del pensamiento.
– Alteraciones motoras como inquietud.
– Alteraciones emocionales como llanto, enfado e irritabilidad.

Dentro de los acontecimientos vitales estresantes se deben señalar algunos que están presentes con mucha frecuencia en la vida de los niños como son “la separación o divorcio de los padres, sobre todo si conllevan discusiones frecuentes y graves entre ellos, el alcoholismo o toxicomanía de los padres, enfermedad grave física o mental de los mismos, deficiente rendimiento escolar, cambio de nivel económico y pérdida del trabajo paterno”, indica el Dr. García Pérez. “Evidentemente, -añade el experto- no a todos los niños les afectarán por igual, ya que la presencia de factores protectores ayudarán a una buena adaptación”. Entre éstos destacan: temperamento “fácil”, habilidades en resolución de problemas, y toma de decisiones y un desarrollo saludable.

 

DEPRESIÓN EN NIÑOS
Los síntomas y manifestaciones de la depresión varían en función de la edad, el desarrollo cognoscitivo y emocional del sujeto y la capacidad verbal para expresar emociones y sentimientos. Los síntomas pueden ser:

– En edad preescolar: irritabilidad, apatía, falta de interés, falta de colaboración con los padres, mímica y gestos tristes, crisis de llanto, anorexia y trastornos del sueño.

– En la edad escolar: expresión triste, llanto, hiperactividad o lentitud motriz, sentimientos de desesperanza, deficiente imagen personal, descenso del rendimiento escolar, dificultades de concentración, cefaleas, gastralgias (dolor de estómago), apatía, sentimientos de culpa, ansiedad e ideación suicida. Detectar los signos y síntomas depresivos en los más pequeños requiere no sólo conocer el cuadro clínico, sino escuchar y entender lo que el niño dice y lo que el niño calla. Esta enfermedad interfiere en el desarrollo emocional de los pequeños, en su rendimiento académico y en la adaptación social.

Durante la infancia no se observan diferencias entre niños y niñas, sin embargo, a partir de la pubertad, la prevalencia en las mujeres es dos veces más alta que en los hombres. En un estudio español, las niñas tienen tasas de depresión del 2,2% a los 11 años y del 4,1% a los tres años. “La depresión, por tanto, existe en la infancia y afecta a niños de 3 a 6 años, una realidad que conviene tener presente en la práctica clínica”, declaran los expertos.

El diagnóstico de la depresión en los niños es más difícil que en los adultos, y es tanto más difícil cuanto menor edad tiene el paciente. “La evaluación requiere tiempo para hablar con los padres, tiempo para explorar al niño y tiempo para informar del diagnóstico y de las recomendaciones terapéuticas”, dice el Dr. García Pérez. Es fundamental disponer de varias fuentes de información para hacer un diagnóstico correcto.

Fuente: Carmen Bayón, masquepadres.com

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