Los niños necesitan jugar para comprender el mundo que les rodea. Mediante el juego llevan a cabo los procesos de simbolización y socialización que les permitirán asumir las relaciones de intercambio y responsabilizarse en sus compromisos sociales.

En la infancia, el juego es la principal manifestación del ocio. Para contribuir al disfrute y desarrollo del niño, los padres deben facilitar que sus hijos jueguen libremente y que sean ellos  mismos quienes decidan sobre sus juegos.

La actividad creativa

En el juego, el niño desarrolla sus funciones psíquicas, como la percepción, la atención, la memoria, el pensamiento, el razonamiento lógico, la imaginación, el lenguaje en general… Este conjunto de capacidades servirán de base a los aprendizajes escolares y a las demás actividades sociales que más adelante deberá aprender. Para que este proceso se desarrolle sin problemas es necesario que el niño tenga la posibilidad de jugar en libertad. La libertad es un requisito indispensable para que el niño pueda expresarse, y la mejor manera de apoyarle es ofrecerle ayuda para encontrar por sí mismo el juego que le permita disfrutar y, sobre todo, situarse en su entorno.

Los dibujos expresan sus pensamientos y sentimientos. Se trata, también, de una actividad creativa que conviene alentar.

La creatividad surgirá en relación con este bienestar lúdico. Es importante que el niño juegue, que tenga la tranquilidad de poder hacerlo ejerciendo todas sus potencialidades psíquicas. Toda creatividad tiene siempre algo de poético, y está relacionada con la espontaneidad y con la manera de ser de cada uno. Por este motivo, los adultos deben animar al niño a desarrollar aquellas actividades con las que se encuentre más a gusto y que le permitan dar rienda suelta a toda su capacidad creativa.

Fuente: Superpadres

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