Mariano Veloy se presentó a su primer examen con seis años, cuando tuvo que demostrar que había asimilado la diferencia entre mayúsculas y minúsculas. El premio por aprobar ese examen fue un cruasán de chocolate y, desde entonces, no ha dejado de presentarse a todo tipo de pruebas. Veloy es licenciado en filosofía y tiene experiencia como profesor de refuerzo con muchos alumnos a los que, asegura, les falta método y tomar conciencia de cómo se estudia. Es por ello que decidió editar el manual Cómo aprobar exámenes en 7 días (Ariel), una guía muy resumida con algunas de las claves y técnicas para afrontar un examen con la máxima preparación posible. El autor deja claro que su método se sustenta en el sentido común y que, a pesar de la provocación del título, hay exámenes que no se pueden aprobar estudiando sólo siete días. Es el caso de una Selectividad o de unas oposiciones. Aún así, para Veloy las técnicas son siempre las mismas, y entre ellas no está la de dejarlo todo para la última noche o confiar en la suerte. “Si estudias, apruebas”. Más claro el agua.

-Parece que entre todos hemos demonizado la palabra examen. ¿Es una actitud justificada?
-No, creo que no. Propongo la visión del examen como un reto positivo que permite demostrar tu valía y tus capacidades. No tenemos que ver al profesor como una mala persona que te quiere tocar las narices, sino como alguien a quien puedes demostrar lo que vales, y al que enseñar cómo has evolucionado en los estudios. Para mí un examen siempre ha sido algo positivo.

-Asegura, incluso, que estudiar puede ser mágico…
-Sí. Entiendo que hay una presión y una obligación que te hace ver el estudio y los exámenes como algo problemático, especialmente si no te van bien. Aún así, estudiar es algo muy grande: leer, aprender historia, química, etc. Ver que ahora entiendes algo que hace una semana no sabías, es algo mágico, especialmente si eres capaz de introducirlo en tu mundo y ampliar la visión que tienes de las cosas.

-¿Se puede aprobar cualquier tipo de examen en siete días?
-No, está claro. Es un título genérico y un poco provocador. Es un libro que propone un método y que lo estructura en una semana. Si estamos hablando de unas oposiciones, de un examen de conducir o de un examen final de facultad, está claro que se necesita más tiempo. Lo que pasa es que el libro te da las claves para organizarte y adaptar ese método, sustentando en el sentido común, a cualquier tipo de examen.

-Entiendo que la Selectividad también quedaría fuera de estos siete días…
-Una Selectividad es un examen de exámenes, hay que plantearla de una manera distinta. Lo que recomiendo para afrontarla es que los alumnos hagan un cierto reclutamiento para estudiar una vez que acaben los exámenes del curso, con ciertas pausas para descansar, y plantearla como un reto a alcanzar en unas dos semanas.

-¿Los esfuerzos de última hora o las noches en vela antes de un examen quedan excluidas de su método?
-No vale. Mi recomendación es que esto no se haga nunca, aunque soy consciente de que a todos nos ha pillado el toro alguna vez y lo hemos acabado haciendo. Desde luego, no sería la mejor opción para aprobar cualquier examen (Sonríe).

-¿Hay alguna examen que sea más difícil de estudiar o de plantear que otro?
-Algo importante es que nos vayamos conociendo a nosotros mismos a medida que avanza nuestro estudio. En este sentido, habrá personas que preferirán un examen tipo test, y otras personas que prefieran plantear una respuesta larga donde poder explicarse mejor y razonar. Lo que es importante es saber cómo será el examen antes de prepararlo.

-Saber a qué nos enfrentamos…
-Eso es. Aunque sueno obvio, el punto de partida es saber de qué te vas a examinar y cómo lo harás. Según el tipo de examen, prepararás las respuestas de una manera u otra, o aprenderás el contenido con más o menos detalle.

-¿Cómo debemos aprender a diferenciar entre la información esencial de aquella que no lo es?
-La clave es hacer una lectura en profundidad, subrayar y hacer esquemas para resumir la información esencial. Si te hablan de un tratado europeo, saber cuál es el concepto fundamental y tener identificados los conceptos secundarios que rodean a este acuerdo. A veces, nos obsesionamos con las fechas o los datos, y no son lo más notorio. La clave es focalizar realmente en el concepto importante que estamos tratando para luego vestirlo con los datos secundarios que creamos que también pueden tener interés.

-¿En qué nos ayudan los esquemas, las fichas o las lluvia de ideas que plantea en el libro?
-Son métodos que nos permiten hacer nuestra la información. Si coges un libro y sólo te lo lees será muy complicado de que te apoderes de todo lo que hay allí. Necesitas hacer resúmenes y esquemas que te permitan organizar toda esa información.

-Otro concepto que prioriza es el de la reflexión, que usted liga con la hora de comer. ¿Por qué?
-He dividido el método en siete días con jornadas de trabajo de mañana y tarde, por ello es normal que cuando hagas las pausas más largas sea a la hora de comer. Ahí es cuando estás más relajado y puedes pensar o valorar cómo ha ido cada una de las jornadas y pensar y reflexionar en algunos conceptos o en la seguridad que puedas tener en lo que hayas aprendido.

-¿Cuándo hay que parar para hacer una pausa?
-Es algo que se adecua a cada persona, ahora bien, pienso que también hay tiempos razonables; no creo que sea bueno estar más de dos horas seguidas estudiando. Es algo que también depende del trabajo que estés haciendo en aquel momento: no es lo mismo estar subrayando o haciendo un listado que memorizando datos importantes. Tampoco hay que caer en la trampa de parar cada diez minutos.

-De hecho, usted habla de pausas trampa. ¿Cuáles serían?
-Es que es muy importante tener en cuenta qué haces durante los diez o quince minutos que decides parar. Si te conectas a internet para entrar al Facebook o hablar con gente a través de las redes sociales es más que posible que estés perdido. La pausa tiene que ser ir a beber un poco de agua, prepararte un bocadillo y poca cosa más. Si llevas mucho rato estudiando, puedes salir a dar una pequeña vuelta y airearte. Nada más.

-¿Recomienda dormir un número de horas determinado?
-Hay dos extremos a la hora de estudiar: no darte respiro y dormir dos o tres horas, o descansar doce horas seguidas. Creo que ni una cosa ni la otra, lo que está claro es que hay que descansar porque la información que adquirimos necesita de un tiempo de procesamiento.

-Uno de los problemas más habituales con los que solemos enfrentarnos a la hora de estudiar es la falta de concentración. ¿Qué recomienda?
-Es una cuestión de práctica y de aplicar algunas medidas de sentido común: mesa limpia, ordenador apagado, móvil desconectado, puerta cerrada y una organización horaria que te paute y que te permita estar más concentrado.

-Aún así, la hora de la duda siempre acaba llegando. Es aquel momento en el que crees no recordar nada de lo que has estudiado…
-Aquí se trata de aprender a ganar confianza. Cuando estudiamos, todos tenemos unas dudas interiores que afloran en algún momento u otro. Es importante que confíes en ti y que vayas cerrando temas; no tiene sentido que estés estudiando el tema siete y vuelvas al dos porque crees que no te lo sabes.

-¿Dónde está la frontera entre los nervios que podemos tener antes de un examen y las grandes dudas que nos bloquean antes de la prueba?
-Lo que propongo en el libro es que vayas tomando conciencia de todo lo que vas aprendiendo y en el último momento seas consciente de todo este trabajo que has hecho. También dejo claro que hay que ir haciendo esquemas y fichas muy resumidas, de manera que puedas llegar el día del examen sólo con dos fichas con lo esencial. Esto te dará tranquilidad y alejará ese miedo, muchas veces injustificado, que aparece minutos antes de una prueba. Incluso propongo un pequeño ejercicio de respiración, relajación y meditación. Es algo muy sencillo, pero que nos permitirá controlar la situación. A medida que avance el examen es importante ir contestando las preguntas que sabes para ir relajándote y recuperar la confianza para los momentos más duros del examen.

-Al final, sólo es un examen, ¿no?
-Sí. No conozco a nadie que haya perdido algo esencial en la vida por un examen. Como mucho, tiempo o la molestia de repetirlo. Si estudias, apruebas.

-¿Siempre?
-Sí. Puede haber un accidente, quedarse en blanco o una mala jugada provocada por los nervios, pero siempre será algo puntual. Si planteas los estudios como una Liga, puedes perder un partido, pero estudiando con un buen método y esfuerzo, ganarás el título seguro.

-¿Estudiar tiene que ser necesariamente el fin de la vida social?
-Depende del calendario. Si estamos hablando de una prueba que vas preparando de setiembre a junio está claro que es malo acabar con esa vida social. Si sólo hablamos de una semana, puedes quedar un día o una tarde con alguien para desconectar y luego seguir con tu método para llegar con las máximas garantías. Lo importante es no obsesionarse, saber organizarte y no dejarte ganar por los amigos o las salidas que puedes recuperar una vez finalice este periodo de más acogimiento.

-¿Qué recomienda de cara a la noche anterior al examen?
-No estudiar nada. Ahora sí que es el momento de quedar con alguien, ir al cine y relajarte. Si tienes muchísimos nervios, lo único que recomiendo es repasar brevemente las fichas finales que te has hecho. Vete a la cama pronto e intenta descansar.

Fuente: La Vanguardia

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