Son las ocho de la mañana de un domingo y en la cafetería sólo se encuentran un grupo de veinteañeros y una pareja de cincuenta años. Aunque se hallan en el mismo lugar físico, sus cabezas se encuentran en mundos muy diferentes: los veinteañeros acaban de volver de una larga noche de fiesta y el matrimonio se acaba de levantar y ha decidido arrancar el día con fuerza bajando a desayunar al bar. Los jóvenes miran a la pareja, piensan “¡qué aburrimiento!” y se prometen a sí mismos no ser nunca como ellos. La pareja mira a los jóvenes y recuerda su juventud, cuando hacían lo mismo, aunque ahora nadie les arrastraría a una noche de desfase semejante ni por todo el dinero del mundo. Unos y otros tienen algo en común, aunque no lo sepan: son felices, ya que, como la psicología ha intentado explicar, lo que nos hace felices cambia sensiblemente de una época a otra de nuestras vidas.

El último año, se ha hablado con bastante frecuencia de la teoría de la “felicidad en forma de U”, que defiende que a partir de los cincuenta años somos más felices que a los treinta. Una de las ideas que exponía en el artículo su autor, el profesor de la Universidad de Warwick Andrew Oswald, sirve también para identificar qué cosas nos hacen más felices en cada edad. Según el economista, durante la juventud nos topamos con demasiada frecuencia con la realidad de que nuestras altas expectativas no pueden ser colmadas. Por el contrario, en la edad adulta, comenzamos a dar más importancia a todo lo que hemos conseguido hasta esa fecha y sabemos ponerlo en perspectiva.

Mirando hacia atrás, mirando hacia adelante

En términos utilizados por E. Tory Higgins de la Universidad de Columbia, autor juntoa Heidi Grant Halvorson de Focus. Use Different Ways of Seeing the World for Success and Influence, nuestras motivaciones en la vida estarían divididas entre nuestra promoción y nuestra prevención, cada una perteneciente a cada uno de los dos grandes ciclos de la vida. En la promoción, vemos nuestra trayectoria vital como una serie de oportunidades para mejorar, crecer, alcanzar metas o desarrollarnos como personas. En definitiva, el objetivo es ganar.

Por el contrario, la motivación que nos mueve en la segunda mitad de nuestras vidas es mucho más conservadora, y se trata de la prevención. En esta fase, nuestro objetivo se encuentra en no perder lo que ya hemos conseguido y, básicamente, en afrontar sin grandes sobresaltos nuestra existencia. Tener hijos y todo lo que ello conlleva determina en un alto grado este cambio, así como la toma de conciencia de nuestra mortalidad. La felicidad depende, a grandes rasgos, de que nuestra vida sea capaz de dar respuesta a ambas motivaciones. Es decir, si cumplimos nuestros retos cuando somos jóvenes o si conseguimos cuidar de lo nuestro cuando crecemos.

Felicidad excitante, felicidad reposada

En un reciente estudio publicado en la revista Social Psychological and Personality Science, sus responsables identificaron, a partir del análisis de más de 12 millones de blogs, cuáles eran los términos utilizados con más frecuencia para conceptualizar la felicidad. La conclusión principal arrojada por el estudio, realizado por tres investigadoras de la Universidad de Pensilvania en Filadelfia y la Universidad de Palo Alto en California, era que “mientras los jóvenes están más inclinados a identificar la felicidad con el entusiasmo, a medida que envejecen, es más probable que se asocie la felicidad con la calma”. Un ejemplo de la clase de expresión que utilizaría un joven para hablar de su felicidad sería “me siento feliz y contento y estresado y no puedo parar, pero así es la vida”, mientras que en el caso de los mayores, afirmaban cosas como “me siento feliz después de un fin de semana relajado”.

Esta disyuntiva se reflejaba en una amplia gama de comportamientos de los analizados por el estudio. Si el súmmum de la felicidad a los 22 sería celebrar una fiesta por todo lo alto, a los 60 es hacerlo de manera relajada con unos amigos o acudir a un spa. Ello también tiene repercusión en nuestros hábitos de consumo. Según el estudio, los más jóvenes manifestaban que la compra que más felicidad les había reportado recientemente era la de unas zapatillas deportivas, una videoconsola o, simplemente, una bebida energética. Las respuestas de los adultos diferían significativamente, y abarcaban de unos pantalones para practicar yoga a un té de hierbas. Desde luego, nada que le haga particular ilusión a un veinteañero. Por esa misma razón, los jóvenes prefieren los viajes, los deportes (al límite), las experiencias sexuales únicas o la diversión que los más mayores, que elegirían la seguridad de un libro, una película, una comida, antes de la incertidumbre asociada a las relaciones transitorias, preferidas por la juventud.

El grupo de investigación señalaba que la principal diferencia entre ambos grupos se encuentra en que los más jóvenes dirigen su atención al futuro, mientras que los mayores ya lo hacen al pasado. Fijarse en el porvenir, conscientes de que nos quedan décadas por delante, suele hacernos buscar la novedad y el aprendizaje en nuestras relaciones, como un material que nos servirá en un futuro. Por el contrario, cuando percibimos que ya hemos vivido más tiempo del que nos queda por delante, preferimos mantener las relaciones que nos proporcionan tranquildad en el presente. La novedad ya no es un factor esencial y, por eso, cuanto más mayores somos, más disfrutamos el momento presente.

El final de todos nuestros sueños

Esta teoría tiene una implicación lógica, que es que la rebaja de nuestras expectativas es lo que nos hace afrontar la vida con menos tensión. O, como reconocía uno de los encargados del estudio de la Universidad de Warwick, “renunciar a nuestros sueños puede hacernos felices”. Dicho estudio hacía hincapié en que la presión que sienten los adultos para alcanzar las metas que ellos mismos se han puesto es mucho menor según se crece y se encara la jubilación. También, porque terminamos aprendiendo a conformarnos con lo que tenemos.

Sin embargo, todo lo que acabamos de contar es desmentido por una encuesta realizada por la cadena musical MTV yAssociated Press en la que se aseguraba que la actividad preferida de los más jóvenes era pasar tiempo con la familia, algo que disfrutaban tres cuartas partes de los consultados. A ello le seguía salir con los amigos y pasar tiempo con la pareja. ¿Sorprendente, o es que mentir también le reporta felicidad a los más jóvenes?

Fuente: El Confidencial.

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